Arístides de Sousa Mendes fue un hombre cuya brújula moral inquebrantable lo llevo a ser un héroe olvidado por la historia, pero cuyo legado vive en aquellos que salvó de los nazis. En 1939 es nombrado Cónsul General de Portugal en Francia tras una larga carrera diplomática. Nunca se imaginó que en sus funciones tendría que tomar decisiones que cambiarían su destino de forma trágica y violenta, pero, al mismo tiempo lo llenaría de satisfacción. En 1940 con la caída de Francia ante las fuerzas alemanas miles de refugiados se conglomeraron, durante días, frente del consulado portugués con la esperanza de conseguir los documentos que les ayudarían a escapar. Sin embargo, el gobierno portugués había dado órdenes negando asilo a los refugiados incluyendo explícitamente a judíos. Después de una charla con el Rabino Haim Kruger decidió actuar desobedeciendo las órdenes de su gobierno. “Desde hoy obedeceré a mi conciencia. “Como católico, no tengo el derecho de dejar a estas personas morir. De ahora en adelante les doy visas a todos. No habrá más nacionalidades, razas o religiones”. Así, miles de perseguidos intentarían escapar a través de España. El embajador portugués en España consideró que estas labores de auxilio ponían en peligro las relaciones entre Franco y Hitler, así que tramitó con las autoridades portuguesas la cancelación de la firma de Arístides, sin embargo, miles de personas ya habían logrado escapar y el diplomático seguía, en su camino hacia Lisboa, otorgando documentos. Se calcula que en total expidió 12,000 visas personales o familiares, salvando a 30,000 personas, 10,000 fueron entregadas a judíos. Al llegar a su juicio el jurado resolvió su destitución inmediata, lo que lo dejo sin trabajo, sin la posibilidad de ejercer su carrera de abogado y sin poder mantener a sus 14 hijos. El hombre que ayudó a miles de personas a escapar sólo recibió el apoyo de la comunidad judía en Lisboa. Murió en la pobreza en 1954.
En 1967 el gobierno de Israel lo nombró Justo entre las Naciones. En 1988 sus hijos y la presión internacional lograron que el gobierno portugués lo restituyera, simbólicamente, al servicio diplomático.