Carl Lutz
En 1942 Carl Lutz fue enviado como vicecónsul de Suiza a Budapest, Hungría en donde empezó a brindar ayuda a los judíos perseguidos. Lutz comenzó a cooperar con la agencia judía entregando documentos suizos que permitían la emigración de niños judíos. Para 1944, cuando los nazis tomaron Budapest e iniciaron las deportaciones masivas, Carl Lutz, usando toda su astucia diplomática, negoció con los nazis y el gobierno húngaro la aprobación de un permiso especial para que 8 mil judíos húngaros pudieran emigrar a Palestina. Sus capacidades de negociación eran tan admirables que logró la autorización que deseaba, pero no se conformó con eso; fingió malinterpretar el documento y lo aplicó, no a las 8 mil personas a las que estaba destinado, sino a 8 mil familias por lo que los beneficiados se multiplicaron de forma considerable. Al principio de su administración contaba con 15 empleados, pero su carisma y espíritu solidario contagió a más de 130 personas que se ofrecieron para trabajar con él de forma voluntaria, así logró habilitar 76 casas de seguridad. Para que estas moradas no fueran tomadas por los nazis las nombró oficialmente anexos de su delegación, lo que las convertía en espacios con inmunidad diplomática. En estas casas de seguridad encontraron refugio más de 3,000 judíos.
Los soviéticos se acercaban cada día más a Budapest y el diplomático recibió la orden de retirarse de su puesto. De regreso a su país las cosas no le resultaron nada fáciles, sus acciones de salvamento no fueron reconocidas y se convirtió en un héroe anónimo y olvidado, hasta que en 1957, más de una década después de sus admirables acciones, su gobierno lo rehabilitó. Hoy se calcula que sus cartas de protección, pasaportes, casas de seguridad y visas especiales, ayudaron a escapar de una muerte segura aproximadamente a 62,000 judíos. Carl Lutz sin duda rompió muchas de las reglas de la diplomacia y de su gobierno, pero siguió todas las de su espíritu, siendo un ejemplo de cómo las decisiones de una persona logran salvar a decenas de miles. En 1964 se convirtió en el primer suizo en ser reconocido por Israel como Justo entre las Naciones. En 1991, dieciséis años después de su muerte se le edificó un memorial en la entrada de lo que fue el ghetto de Budapest.