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Pierre Marie Benoit

Pierre Marie Benoit nace en 1895 y dedica su vida a la religión y durante la guerra vive en un monasterio capuchino en Francia, donde los judíos son condenados a la deportación. Pierre Marie, apegándose a los principios de su religión y a sus valores humanos, se une a las redes de salvamento organizadas por agrupaciones cristianas y judías. El sótano del monasterio a su cargo oculta un taller de imprenta clandestino donde se falsifican cartas de bautismo, pasaportes y todo lo necesario para que las víctimas puedan escapar.

 

Pierre Marie Benoit participa activamente en el traslado de judíos franceses hacia diferentes zonas de Italia, y orquesta uno de los intentos de salvación más grandes durante el Holocausto. Su misión: llevar a 30 mil judíos hacia el norte de África, vía Italia. Se entrevista con el Papa Pío XII y todo parece estar listo, pero la burocracia, sumado a que los ejércitos nazis toman súbitamente las fronteras italianas, hacen fracasar el plan que además es descubierto por la Gestapo. No encarcelan a Benoit gracias a su posición en la Iglesia, pero le exigen que se resguarde en el colegio capuchino. A pesar de esto, Benoit no frena sus labores de salvamento; desde su encierro coordina con consulados de otros países; Hungría, Suecia, España y Rumania, la creación de documentos de identidad falsos, y negocia con la policía cartillas de racionamiento con las cuales puede conseguir víveres para los judíos. “El antisemitismo”, declara, “es una ideología que nosotros los cristianos no podemos de ninguna manera compartir”. En contra de todas las predicciones, este hombre valiente, que se calcula que ayudó de diversas formas a 4 mil judíos, sobrevive a la guerra. La historia de Benoit, tan llena de perseverancia, congruencia con su religión y respeto por el prójimo, es una constancia invaluable de lo que significa el verdadero apego a los valores. Mientras el Vaticano guardaba silencio por la deportación masiva de judíos, clérigos como Pierre Marie Benoit actuaron a favor de los desprotegidos arriesgando sus vidas. En 1966 fue reconocido como Justo entre las Naciones por el gobierno de Israel.

Los daneses trataron el problema de los judíos como un problema danés y no como un asunto que afectaba solamente a una minoría aislada. En Dinamarca los judíos eran aceptados y respetados y se les consideraba tan daneses como a cualquier otro. Por eso, la sociedad danesa salvó prácticamente a todos sus compatriotas judíos. 

De acuerdo con una historia popular, muchos daneses incluyendo al rey Christian X, portaban la estrella de David amarilla, como muestra de apoyo a sus compatriotas judíos. Cuando los nazis ordenaron la deportación de los judíos, el rey se opuso terminantemente a colaborar.

En 1943 la sombra del nazismo ganaba terreno, así que decenas de miles de daneses se organizaron para poner a salvo a la mayor cantidad de judíos, había que transportarlos clandestinamente a Suecia.

Se trataba de una peligrosa operación en la que participaría buena parte de la población civil, el gobierno y la Iglesia.

Estaban sus vidas de por medio. La vida de los profesores de escuela que reunían a los niños judíos para ponerlos a salvo; la vida de hombres y mujeres que guiaban a sus vecinos hasta la orilla del mar; la vida de pescadores que transportaban en pequeños barcos a los refugiados. Miles de personas  exponiendo su vida por auxiliar a sus compatriotas judíos.

En tres semanas casi la totalidad de los judíos daneses anclaron en Suecia, más de siete mil personas escaparon del exterminio nazi.

Al terminar la guerra, cuando los judíos pudieron volver a Dinamarca, encontraron sus viviendas y sus trabajos a salvo. Sus compatriotas habían cuidado sus hogares, sus pertenencias, a la espera de su regreso.

La resistencia danesa, en la que participaron miles de ciudadanos en un claro ejemplo de solidaridad y eficacia, fue reconocida por el Estado de Israel con el distinguido nombramiento de Justos entre las Naciones.