Raoul Wallenberg
Raoul Wallenberg es una de las pocas luces que brillaron durante el Holocausto. Nació en 1912 en Suecia, donde tuvo una destacada vida académica. En 1944 es enviado a la cancillería de su país en Hungría, con la misión de expedir pasaportes a los judíos húngaros. En el año de su llegada sólo quedan 200 mil judíos en la capital, 435 mil ya habían sido deportados. Desde la cancillería que está a su cargo se imprimen pasaportes ilegales. Consigue cancelar deportaciones de judíos húngaros a los campos de concentración. Arriesgando su propia vida intercepta un tren lleno de judíos con destino a Auschwitz, escala hasta los techos de los vagones y desde allí, en las narices de los oficiales nazis, reparte documentos de protección y exige su liberación inmediata. Mediante esta arriesgada acción logra salvar a decenas de judíos. Ya de regreso en Budapest, Wallenberg organiza los operativos de ayuda alimentaria y médica para los judíos, consigue 30 casas y les proporciona protección. Afuera de cada una de estas moradas ondea una bandera sueca, lo que las convierte en territorio seguro. A inicios de 1945, los soviéticos logran tomar la capital y encuentran a decenas de miles de judíos con vida. Raoul Wallenberg lucha por conseguir que el ejército soviético cuide de los judíos, pero levanta sospechas ya que consideran que se trata de un espía alemán, y lo llevan a los cuarteles soviéticos. “No estoy seguro si soy su huésped o su prisionero”, le dice a una persona de la que se alcanza a despedir. Su porvenir, a pesar de su puesto diplomático, es trágico: desaparece. Los soviéticos niegan saber algo sobre él, pero prisioneros alemanes afirman haberlo visto en las prisiones rusas. Mucho tiempo después, el gobierno soviético acepta que Raoul Wallenberg falleció en una cárcel en 1947, teniendo apenas 35 años. Hay, sin embargo, declaraciones que contradicen lo anterior y su suerte es hasta la fecha un misterio. Lo que es un hecho es que su eficiente labor de auxilio, su apego valiente e inquebrantable a la humanidad, salvó a decenas de miles de judíos inocentes. Es el héroe civil más grande de la Segunda Guerra Mundial, sus esfuerzos son un recordatorio de que frente a los asesinos masivos existen también salvadores masivos, hombres justos con valores incorruptibles e incansables. Por su heroísmo fue reconocido por el Estado de Israel en 1966 como Justo entre las Naciones.